Cuando tenemos una duda sobre alguna cuestión, además de recurrir a Google, es común utilizar foros o acudir a alguna página de preguntas y respuestas como Yahoo Answers, Quora o, para cuestiones más específicas y profesionales, el servicio de preguntas de Linkedin. Es lógico, confiamos en que alguien entre la multitud tenga la respuesta que no hemos sido capaz de encontar o, cuanto menos, que puedan orientarnos.

Sin embargo esta forma de pensar no es tan común en las empresas, lo que supone desaprovechar una gran cantidad de talento existente en el exterior de la organización. Los motivos pueden ser varios, como el desconocimiento de esta oportunidad, el miedo a tener que dar datos sobre la organización o la simple desconfianza de una llamada abierta a una multitud.

Frente al enfoque tradicional de buscar al experto para resolver problemas, Internet facilita enormemente consultar a la multitud, donde se encuentran tanto los genios como los demás. Y no es tan simple como pueda parecer, no se trata simplemente de buscar al más inteligente dentro de la multiud (para eso ya tenemos los procesos de selección que tratarán de integrar a dicho talento en la organización), se trata de darse cuenta de la riqueza que aporta el origen heterogeneo y diverso de las soluciones que plantee una multitud. Problemas que para los expertos de nuestra organización resultan un reto imposible puede que resulten más sencillos de resolver para otras personas externas, no necesariamente tan expertas, pero sí con otra forma de pensar (basada en diferente formación, por ejemplo) que le hacen abordar el asunto de otra manera. Algo que ilustra perfectamente el ejemplo que ya he puesto en este blog de Colgate, donde el equipo de I+D formado por expertos químicos no eran capaces de resolver un problema que tenía una solución más sencilla de lo que pudiera parecer si se enfocaba desde la física elemental.

Sin duda, por tanto, el éxito a la hora de resolver un problema trasladado a la multitud depende de la diversidad de la misma, pero también es importante la independencia y la libertad en la formulación de propuestas, así como disponer de correctos mecanismos de agregación que permitan tanto evaluar y filtrar las respuestas como coordinar los juicios individuales cuando de lo que se trate sea de buscar una decisión colectiva.

Posiblemente el ejemplo de caso de éxito más utilizado sea el de la compañía Goldcorp que presentó un concurso (Goldcorp Challenge) donde invitó a geólogos de todo el mundo a presentar propuestas de exploración para su propiedad minera en Ontario, lo que supuso desvelar muchísima información privada, en contra de las reticencias propias del sector, pero que le supuso unos resultados excelentes, pasando de una valoración de la compañía de 100 millones de dólares a 9.000 millones. Otro ejemplo habitual es el de InnoCentive, una plataforma que pone en contacto a aquellos que tienen preguntas o problemas relacionados con la innovación con aquellos que pueden/quieren ayudarles, recompensas económicas mediante, con un éxtio de resolución, al parecer, del 50%.

Por poner un ejemplo más reciente, la decisión, ya de sobra conocida, de Islandia de recurrir al crowdsourcing para elaborar su nueva Constitución. Un tema polémico, por un lado puede argumentarse que aquellos que no tienen conocimientos de Derecho no deben estar legitimados para participar en la elaboración de textos legales, y menos uno tan importante como este, pero por otro lado parece justo que toda la población tenga voz y voto en las cuestiones que le afectan. Yo, con matices, me decanto por lo segundo.

¿Y vosotros qué opináis de la Constitución Islandesa? ¿Estais de acuerdo en el enorme potencial de abrir la organización a la multitud en busca de soluciones?

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