Esta mañana mientras esuchaba la radio (Cadena Ser) estaban hablando sobre Yelp, un directorio online de locales comerciales (restaurantes, bares, tiendas de moda…) sobre los que los usuarios pueden realizar valoraciones y opiniones, de tal modo que otros usuarios puedan tener más datos para decantarse, por ejemplo, por un restaurante u otro para cenar. Antes pedíamos consejo a nuestros amigos y familiares. Ahora, también, tenemos la opinión de muchas otras personas.

Este sistema de opiniones y valoraciones (numéricas, con estrellas, etc) es bastante común en Internet, sobre en todo en reservas de hoteles. Le dan un gran valor al usuario y le quita en parte el miedo a que lo que se encuentre no sea lo que esperaba. Y digo en parte a raiz de un comentario que hecho uno de los contertulios en la radio, que venía a decir que ves muchas opiniones favorables y de pronto ves una negativa y ya te echa un poco para atrás. Esto es cierto y es bastante común, el peso de una opinión negativa es mucho mayor que el de una positiva, por eso es tan importante cuidar hasta el más mínimo detalle sobre nuestra reputación.

Comentaban también en la radio el riesgo de que las opiniones vertidas sobre un local sean realizada por una parte interesada, por ejemplo, por el hijo del dueño del local o por el primo de un local de la competencia. Hay veces que estas opiniones son bsatante fáciles de detectar, otras no tanto, y eso es un problema porque desvirtúa el sistema de recomendación. Aún así hay varios mecanismos para combatirlos que pasan por que las opiniones no sean anónimas, sino realizadas por usuarios registrados o por usuarios conectaodos mediante alguna red social como Facebook, usuarios de los que se pueda consultar su historial de opiniones e incluso valorar al propio usuario. En este sentido puede pasar que en estas comunidades haya usuarios que gocen de un gran respeto por parte de otros usuarios, por la utilidad de sus críticas y opiniones. Vamos, prescriptores 2.0, lo mismo de siempre pero de otro modo.

Volviendo a Yelp, y sobre la fiabilidad de las opiniones, ellos realizan dos filtros. Un primer filtro que consiste en revisar todas las opiniones antes de ser publicadas. Un segundo filtro, que realiza un equipo en San Francisco, consiste en prestar especial atención a comentarios marcados por la comunidad.

Comentaban en la radio que hay chefs y restaurantes que califican a Yelp y similares como un fraude. Hay también consumidores que desconfían y que únicamente valoran la opinión del experto. La opinión del experto está muy bien, pero el potencial de la opinión de la comunida es enorme.

En esta batalla “Experto vs. Usuario corriente” se me viene a la mente el cine y Filmaffinity. Para quien no lo conozca, Filmaffinity es una web, al estilo de IMDB, donde podemos votar películas (de 1 a 10) y realizar críticas. Personalmete, antes de ver una película suelo pasarme por dicha web a ver que nota tiene y que nota le han puesto mis amigos que también usan la web. Si ves que una película tienen un 3,7 de nota media y han votado 50.000 personas puedes estar bastante seguro de que la película es mala, muy mala. ¿No te fías de esta votación popular? ¿tienes gustos poco comunes? No hay problema, Filmaffinity tiene también un concepto brillante que es el de almas gemelas, que son gente que Filmaffinity considera que son muy afines a tus gustos basándose en las votaciones que le habéis dado a películas que ambos habéis visto. De este modo, puedes ver que votación le han puesto a una película tus almas gemelas, y eso, para mi, tiene mucho más valor que la reseña de la cinta realizada por un periodista de Cinemanía o de El País.

Ojo, no quiero desmerecer la opinión del experto, en mucha cuestiones será la única a tener realmente en cuenta. Sin embargo, hay también muchas otras cuestiones, como las que se valoran en sitios como Yelp en que la opinión de cualquier usuario vale, al menos, lo mismo que la de un experto.

Quiero concluir con algo que me ha llamado la atención durante el programa de radio, y es que han catalogado a Yelp dentro del crowdsourcing. Me ha sorprendido no porque no esté de acuerdo, sino porque veo que dicho concepto tan 2.0, del que hemos hablado mucho en este blog desde hace bastante tiempo, va calando poco a poco en la sociedad, sobre todo en su variante para la financiación en masa, el crowdfunding, aunque, ¿para qué nos vamos a engañar?, sigue siendo un concepto que a la mayoría le suena a chino.