Leyendo el libro “Crossumer” de Víctor Gil y Felipe Romero me llamó la atención un momento del libro en que se detienen a explicar el modelo de Kluster, una de las cada vez más numerosas plataformas que pretenden centralizar y organizar acciones de crowdsourcing.

“En Kluster las empresas pueden solicitar la participación de los usuarios de la comunidad en cualquier tipo de proyecto, desde el desarrollo de nuevos productos hasta el diseño de un evento, pasando por una campaña publicitaria. Para hacer más manejables los proyectos, éstos se suelen dividir en fases, en cada una de las cuales los participantes de la comunidad proponen soluciones, mejoras a soluciones planteadas o simplemente apoyan las ideas propuestas”

 

Hasta aquí no es que sea excesivamente novedoso en lo que a plataformas de crowdsourcing se refiere. Lo que me llamó principalmente la atención y me pareció muy interesante es que Kluster trata de premiar no solo a aquel que presenta grandes soluciones o tiene un enorme talento creativo, sino también a aquel que es capaz de reconocer dichas virtudes:

“El sistema de incentivos de esta plataforma se basa en la remuneración de los participantes mediante un modelo meritocrático que premia tanto la creatividad como la capacidad para reconocerla. Dicho de otro modo: favorece tanto al talentoso como al caza-talentos; al creativo como al estratega”

“Cuando los usuarios se registran en Kluster, reciben 1.000 watts -algo así como la moneda propia-. […] El crédito inicial con el que parten los colaboradores puede ser apostado en ideas que otros usuarios hayan propuesto en respuesta a demandas de las organizaciones. […] Los que apuestan por una idea ganadora reciben también watts, que se detraen parcialmente de los que pierden aquellos que apostaron por ideas que no ganan”.

Sin duda una gran idéa que disminuye la variable riesgo y que ayuda a solucionar uno de los puntos clave en ciertas acciones de crowdsourcing que es el filtado de todo el ruido o sobreinformación generado por la comunidad.